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EL CONTEXTO ECONÓMICO

La economía mundial ha crecido en el 2007 un 5,2%, sobre todo por el aporte de China, India y Rusia (la mitad de la expansión mundial). Contrasta con el crecimiento moderado de la Unión Europea y la desaceleración de las economías de EEUU y España lastrada por un gran déficit público y exterior.

La economía española ha alcanzado en el 2007 el décimo año consecutivo con crecimiento económico, en este caso superior al 3% Se ha convertido en la quinta economía europea y ha alcanzado la convergencia (índice de 103 puntos sobre 100) con el nivel medio de vida de los 27 países de la UE. Pero la economía española se sitúa aún en el 90% de la renta media de la UE – 15 y existen signos visibles de desaceleración, entre otras causas por la inactividad del Gobierno durante esta legislatura que ha finalizado en materia de reformas económicas estructurales de calado.

Entre los aspectos positivos de la economía española hay que destacar:

Un superávit presupuestario por el crecimiento de los ingresos tributarios debido al crecimiento nominal.

Un importante crecimiento del empleo.

Aportación decisiva de los inmigrantes.

Pero también son muy notorias sus debilidades:

El gran déficit exterior, agravado por la subida de los precios del petróleo y la fortaleza del Euro con respecto al dólar.

Empleo con poca productividad y mucha precariedad.

Extrema desigualdad entre la progresión imparable de los beneficios empresariales y el estancamiento de los salarios en términos reales. En efecto, los beneficios netos de las grandes empresas no financieras han aumentado un 13,4% en el año 2006 mientras que el gasto por trabajador ha sido del 2,8% según la Central de Balances del Banco de España. La remuneración de asalariados ha caído al 46,4%, 3,2 puntos menos que hace 10 años.

Subida del Euríbor

Descontrol de la inflación (4,1% en 2007). Un punto por encima de la media de la UE – 27 y de la Zona Euro.

Por todo ello, no es alarmista afirmar que, a pesar de las buenas cifras, nos encontramos en una situación de riesgo y, en todo caso, ante una desaceleración para el 2008 como consecuencia de la pérdida de dinamismo del consumo privado y de la inversión residencial. Entre los factores de riesgo se encuentran:

Incremento del paro.

Bajada del precio de los inmuebles.

Endeudamiento de las familias (principalmente por la compra de viviendas) que representa el 120% de la renta disponible.

Incremento de los tipos de interés.

Baja competitividad.

Aumento de la inflación.

LA ECONOMÍA ANDALUZA.

Durante los últimos treinta años Andalucía ha experimentado un importante crecimiento económico como consecuencia de las energías que la sociedad andaluza ha podido desplegar por la consecución de la autonomía, por la democracia, por la estabilidad económica y política y por la integración en Europa y la entrada de fondos europeos.

Sin embargo este crecimiento no ha sido suficiente para permitir la convergencia con España y Europa, punto central en las aspiraciones políticas de Andalucía. Andalucía sigue estando en el furgón de cola de las naciones y regiones españolas y europeas.

Pero tal vez el mayor problema sea que el PSOE desde la Junta ha impuesto un modelo económico dependiente, de baja calidad, a la inercia del desarrollo español, lo que ha implicado una pérdida de peso de la estructura económica andaluza con respecto a otras Comunidades y en el terreno europeo e internacional.

Los gobiernos del PSOE han mantenido un doble discurso: mientras hablaban acerca de la sostenibilidad, el Estado Social y la modernización de Andalucía, han practicado una política desarrollista, de rapiña sobre nuestro territorio y medio ambiente, de alienación cultural y de orientación hacia sectores con bajo valor añadido.

En efecto, nuestro desarrollo económico se ha basado principalmente en el crecimiento del consumo interno y en el endeudamiento privado, en la construcción y los servicios y ha tenido escasa incidencia en la innovación y en la industria, y no ha paliado nuestra enorme dependencia energética. 

Además, las últimas cifras presentan un panorama desalentador ya que lejos de acercarnos a la media española nos alejamos de ella en crecimiento del PIB, empleo y renta disponible.

Sin embargo, es cierto que existe en la opinión pública andaluza una sensación de que estamos mucho mejor de lo que es en realidad, debido sobre todo a dos factores: a que venimos desde el subdesarrollo y a la revalorización del stock de capital, sobre todo del invertido en vivienda, por la entrada en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea), todo ello a pesar del endeudamiento de las familiar, que ha alcanzado más del 125% de la renta disponible bruta de los hogares, agravada por las subidas de los tipos de interés. Además hay que tener en cuenta que el 95% de los que tienen hipoteca la tienen a tipo variable.

UN MODELO DE AUTONOMÍA PARA EL PROGRESO FRENTE A UN MODELO DEPENDIENTE.

Nuestra prioridad es lograr transformar el actual modelo económico desarrollista y consumista que busca resultados a corto plazo a costa de la destrucción de nuestro patrimonio territorial y medio ambiental. Este modelo impuesto por el PSOE se basa en sectores con bajo perfil tecnológico, con bajo valor añadido y baja productividad y no en las actividades más productivas como energía, industria puntera y servicios de intermediación financiera. Tenemos que pasar de la economía dependiente a la economía de la sociedad del conocimiento.

El actual modelo dependiente ha implicado también la renuncia a tener centros propios de decisión económica y dejar que los centros de decisión económicos se consoliden en Madrid, Barcelona y Bilbao.

Al mismo tiempo existe una fuerte relación entre nuestra economía atrasada y dependiente y la desigualdad personal, de modo que los territorios más pobres, como Andalucía, son los que tienen mayores diferencias de renta entre ricos y pobres.

Andalucía necesita corregir sus desequilibrios estructurales mediante:

Un programa de choque de inversiones de capital (enseñanza y formación, capital tecnológico e infraestructuras selectivas), para lo que necesitamos altas tasas de inversión durante períodos prolongados, con crecimientos superiores a la tasa que crece la UE.

Dar prioridad a los sectores económicos con mayor valor añadido, y fomento de las inversiones exteriores para equilibrar de nuestra balanza de pagos.

Aumento del ahorro hasta alcanzar el 20% de la renta disponible.

Aumento de la productividad.

Y autonomía energética basada en nuestras energías renovables.

Para ello, es necesaria una triple interrelación de condiciones:

En primer lugar, una posición extraordinariamente activa de la sociedad andaluza, que, conciente de constituir una comunidad de intereses, realice un esfuerzo de responsabilidad y solidaridad frente a los cantos de sirena que intentan adormecerla con subvenciones para crear redes clientelares pero que no sirven para emprender las reformas estructurales que necesitamos.

Contar con la financiación estatal y europea que necesitamos. Andalucía ha sido la Comunidad más injustamente tratada teniendo en cuenta que nuestra renta es la segunda más baja de España. Además en el horizonte de la finalización de los fondos europeos en el 2013, España debe asumir realmente la política de cohesión territorial a través de una dotación relevante del Fondo de Compensación Interterritorial hasta alcanzar el 0’5% del PIB y repartirse de forma inversamente proporcional a la renta regional, con la misma filosofía que los actuales fondos FEDER.

La administración autonómica, en alianza con el sector privado, debe ser una palanca fundamental para avanzar desde una economía dependiente a una economía que converja en cantidad y en calidad con la Europa de la Unión Económica y Monetaria, donde estamos integrados. Por ello insistiremos siempre en una doble dirección: reforma de la Administración para adaptarla a las demandas actuales y una dirección política que, lejos de la inercia actual, lidere los cambios estructurales, facilitando la capacidad de emprender, el nacimiento de empresas, la eliminación de obstáculos a su creación con medidas como la puesta en marcha efectiva de la ventanilla única.

Estos objetivos necesitan desde luego una transición suave que nos conduzca desde la actual realidad económica hacia otra que se base en sectores de mayor valor añadido y mayor innovación tecnológica con capacidad de exportación.

Además hay que tener en cuenta que toda política económica es política social. Una sociedad cohesionada, sin grandes desigualdades sociales ni territoriales, culta, solidaria y con una conciencia nacional propia, es la mejor garantía para el progreso económico.